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miércoles, 23 de abril de 2014

Finales

Y fueron felices; y comieron perdices.

-Sabía que tendría un final feliz, te lo dije.

-Vuelves a equivocarte.

-¿Por qué? Al final ella vuelve con él, ¿acaso no es eso un final feliz, el mejor de los finales?

- No existen los finales felices, porque cuando algo que nos hace felices se acaba, deja de hacernos sentir así.

-Pero es una forma de hablar, quiere decir que todo irá bien, que no habrá penurias.

-Te repito, cuando se es feliz, nadie quiere que aparezca la palabra FIN.

martes, 15 de abril de 2014

No lo hagas

No te vayas, quédate aquí, conmigo.
Siéntate a mi lado, déjame que te cuente, que me apoye en tu hombro, que te acaricie mientras, que me quede dormida.
Pero no te vayas, despiértame entonces y juega con mi pelo, déjame darte un beso y pasa tu mano por mi espalda, acompáñame a mi cama y quédate conmigo.
No te vayas.
Ni esta noche, ni mañana, ni aunque pasen los meses, los años; no te vayas.
Quédate, aquí, o en cualquier lugar.
O pídeme que sea yo la que se quede esta noche.
Pídeme que no me vaya.

lunes, 7 de abril de 2014

Olor a Semana Santa

Puede que os haya hablado de mi amiga Marta, o no (si éste es el caso, mal hecho), pero ayer escribió algo que yo he leído hoy al entrar en su blog esperando encontrar alguna entrada de fin de semana.

Pues bien, no soy de dirigirme al público cuando escribo, lo hago y ya está, pero hoy os escribo a todos, y le respondo a Marta, a su entrada, a las emociones que ha despertado en muchos.

Por supuesto que aquí tenéis su entrada, para poder entender la mía. "Un año más, Semana Santa..."

La Semana Santa para muchos significa unos días de descanso, de relajarse, de viajar; pero para otros como bien dices, es una semana de "dame palillos que mi madre no hace de los duros", de un montón de camas, de ir saltando gente, de desayunar por turnos porque no se cabe en la cocina, de estar en familia, viajar sí, pero para juntarnos todos, para reencontrarnos con gente que quizás solo vemos en esta época del año porque hay algo que nos une, que nos atrapa y lo hacemos todo para llegado el momento volver otro año más.

Y son palabras y sensaciones inexplicables, ayer por ejemplo, estaba con Paco en Lucena y de pronto le dije, " mmm huele a Semana Santa",  me replicó que olía a incienso, pero porque no lo vive, o no lo han enseñado, o simplemente no quiere y lo respeto, pero para mí el OLOR A SEMANA SANTA, es esos nervios que se te meten por el cuerpo, las túnicas planchadas colgadas detrás de las puertas, los palillos y pestiños que te ofrecen en TODAS  las casas a las que vas, los hornazos con miles de formas, el mirar al cielo aunque haga un sol radiante, las esperas en las puertas de las iglesias, empezar a ver caras conocidas...
Y fue cuestión de cinco segundos sentir todo eso mientras paseábamos al sol, mi cara se volvió otras y desde entonces estoy nerviosa.

Es lunes y estoy contando días y horas, porque estoy deseando sentir los tambores como si los tuviera dentro, los pasos cortitos, las marchas, hasta el "dolor de Semana Santa" que te empieza el Domingo de Ramos y no se va hasta el de Resurrección de pasar tantas horas de pie.

Es difícil explicar la Semana Santa, o realmente, lo difícil es explicar cómo la vives tú, para que alguien pueda llegar a entender la pasión que le tienes y por qué fuimos capaces de gastarnos el doble en un billete de avión para volver cuando estábamos de Erasmus pudiendo venir en feria o cualquier otro día. Estoy contigo en que no es algo meramente religioso, puedo estar bastante segura que el Viernes Santo a las 11 de la mañana en el Compás de san Francisco hay mucha gente que no comparte nada con la Iglesia, que busca su tradición, encontrarse con lo suyo y que sus sentimientos año tras año le han hecho volver una y otra vez. Y ahí es donde está el respeto que dices, no sé por qué, o quizás tengamos la suerte de vivir la Semana Santa en un pueblo que se vive de otra manera y eso es lo inexplicable.

La gente me pregunta que por qué llevamos a "los santos a lo loco" he intentado explicárselo, pero eso solo se puede vivir, aparte de tener que corregir y decir que ni todas salen igual, ni va a lo loco, lleva su desorden lógico.

Pero no se entiende, no se entiende que el Domingo de Ramos busques como loca a la nena que lleva las palmitas para comprar una, que te quedes escuchando niños tocar tambores hasta las 3 de la tarde en lugar de tomar una cerveza. No se entiende lo que es subir con una túnica y la capa hasta el calvario con bastante frío y bajar por esas calles estrechas que dan para mucho pensar.
Lo que es contar costaleros de la Caridad que tiene el trono más pequeño e intentar ver qué hay debajo. Ver el Prendimiento que es SIEMPRE igual e ir a ver a S. Juan de Dios como salen tan despacio el Mayor Dolor y el Preso.
La salida del jueves por la mañana normalmente con sol y sin dejar de mirar al cielo, animando a los columnarios para que se vista, "que este año sí, que no llueve" y llegar al mismo sitio de siempre con los mismos arreglados y estupendos, repartir besos y mirar al cielo mil veces más, que salen, que no y no se mueve nadie. Cenas con amigos, familia, "¿vas a verla salir luego?'
Madrugada, otra ropa, silencio, tambores, incienso, cadenas que se arrastran despacio, que llevan promesas y cruces que suben.
Viernes temprano e ir a ver poner a Jesús, y que solo de pensarlo el vello lo tengas de punta y se llora, por qué, por todo, porque va para afuera, porque sale, porque está ahí, otro año más, se llora porque se dan gracias y porque hay nervios, porque sí. Las 11 y no cabe un alfiler, y la 1 aproximadamente cuando el capitán dice eso de Paso redoblao... y el estómago son todo nervios, y entre empujones, codazos, pisotones arranca a subir y con él las mismas caras otra vez, que muchas son distintas a otros días, pero vuelven a repetirse, abrir espacio a un tambor, pasar agua, no poder respirar, calvario, hornazos, bendición y estallar. Verlo bajar despacio, suavito mientras le tocan por "El rey de Priego" y dejarlo en la iglesia.
Y llega la noche y nos vamos de entierro, y Priego se vuelve oscuro para ver a las Angustias y a la Soledad con el Entierro. Muchos se despiden, y hasta otro año. Otros aguantan hasta el Domingo de Resurrección, y vuelven a casa o se quedan con la sensación de haber pasado unos días que no se explican.

Quizás, querida amiga, es que Priego tiene algo, quizás mucha gente cofrade en otros lugares nos entienda, pero no lo harán los no cofrades y en Priego la Semana Santa se vive por todos, casi en su totalidad.
No esperen venir a Priego y pensar que todos somos unos devotos que solo hacemos rezar y entregarnos por ver a todo el pueblo el viernes en la calle. Somos un pueblo que es capaz de llegar más allá, que vive, que siente, que deja a un lado como decía Marta las creencias, que cada uno coge lo que quiere y lo expresa como puede. No esperen entender Priego y Semana Santa sin venir, no esperen entenderla viniendo y viéndola de lejos, cojan a alguien que les enseñe todo.
No se puede vivir Priego sin sentirlo, porque no se va a entender.

O quizás es que nosotras tuvimos la suerte de tener gente que desde que no teníamos uso de razón intentó dárnosla de una manera diferente, y simplemente no queremos y no vamos a perderla.

Y el que quiera que se sume, que bienvenido será.



 

martes, 25 de marzo de 2014

Y antes de dormir.

-Déjame entrar esta noche en tus sueños,
y te diré que no quiero príncipes apuestos,
ni reyes sabios.
(que te quiero a ti)

-Déjame entrar esta noche en tu cama,
y te diré que no quiero noches oscuras,
ni mentiras susurradas.
(que te quiero en ellas)

-Déjame que esta noche,
sea yo la que te diga lo que no quiere,
que le falte nunca.
(que eres tú)


lunes, 17 de marzo de 2014

Y tú dices que me quieres.

Hoy no me has dicho que me quieres, ni ayer; y posiblemente no me lo digas mañana.
Y yo pensaba que esas cosas salen, solas, cuando se sienten, y te empeñas en decirme que la vida no son palabras, sino hechos. y es verdad, pero a veces necesito que me lo confirmes, no porque dude, es solo que hay días que las palabras llegan muy adentro y se necesitan.
Y yo creo que me quieres, o lo creía, porque ya no lo encuentro en tus palabras, ni lo veo en tus ojos.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Para no olvidar.

Lucía siempre dejaba post-its para recordar todo, tenía en el frigorífico para saber qué debía comprar, en el espejo del cuarto de baño para no olvidar las cremas, en la puerta para no dejar el gas encendido, ni tampoco ningún aparato.
Probablemente era la persona más olvidadiza que nunca conocí, pero siempre eran pequeñas cosas las que no recordaba. También se olvidaba de algunas fechas importantes como el cumpleaños de sus hermanos, o el aniversario de sus padres, pero eso lo apuntaba en un calendario que tenía detrás de la puerta de la cocina.

Lucía intentaba no dejar nada a su memoria, cada noche escribía todo lo que le había pasado en un diario, como cuando las niñas son adolescentes y luego lo leen para recordar cosas divertidas o reírse de lo ingenuas que eran, pero ella no dejaba pasar noche sin coger boli y papel.
Escribía cómo le había ido en el trabajo, lo bonito que había sido el día, la gente con la que coincidía en el autobús y si había comprado algo de ropa. Su vida parecía un mundo de colores, con pegatinas, agendas, diarios, siempre sonriente, era la chica más dulce del mundo, pero siempre estaba sola.
Vivía sola, se había independizado y nunca compartió su piso, ni con amigas, ni con su pareja, me recordaba a Amelié, tan extrovertida para los demás y a la vez tan tímida consigo misma.

Pasaron meses desde que la conocí hasta que me dejó entrar a su casa, tenía mucha luz, no era muy grande pero no le faltaba detalle. Poco a poco descubrí cosas de Lucía que nunca imaginé. Detrás de tantos colores había una chica muy oscura, sin cariño, que nunca se había enamorado.
Un día al caer dormida, no pude hacer otra cosa que leer su diario y después de esas palabras bonitas, encontré otras aterradoras que lloraban en el silencio del papel, en ellas contaba lo infeliz que se sentía cada día, porque estaba vacía.

Llevábamos cuatro meses juntos y sus palabras aunque esperanzadoras no mejoraban, ella no estaba enamorándose de mí, y sí, me prestaba atención y estaba interesada por cada una de mis cosas, pero yo la quería y tras mil vueltas a la cabeza, decidí hacerla feliz y enseñarla a descubrir el amor.
Empecé a cambiarla algunos post-its por versos de Neruda o Benedetti, fui dibujando florecitas pequeñas en la pared de su dormitorio, había días en los que le dejaba bolitas de papel en la cama donde le decía cosas bonitas.
Entonces sucedió, su diario empezó a hablar del ruido que habían los vecinos jugando y de lo feliz que era cuando me daba la mano, le acariciaba el cuello o cuando hacíamos el amor.

Todo iba mejorando, pero no la terminaba de ver enamorada, seguía siendo una chica con miedo, con preocupaciones, yo no sabía qué hacer, la quería más y más, pero no me dejaba verla bien. Una noche me levanté mientras dormía, quité todos sus post-its, descolgué el calendario y le dejé una nota en el espejo en la que ponía "te quiero". Antes de amanecer me fui de su casa. No la llamé, no le escribí, ni respondí a sus llamadas tampoco. Me limité a escribirle cada día "te quiero" en diferentes sitios. Eran siete meses los que hacía que estaba con ella, faltaban dos para mi cumpleaños y desde el mes anterior no nos habíamos vuelto a ver.

Desanimado, empecé a pensar que no había servido de nada todo mi esfuerzo, por fin llegó mi cumpleaños, era el último "te quiero" que iba a escribirle. Subí a su casa y en la puerta a punto de escribir por última vez, me abrió, me miró y no me dejó decirle nada.
Esa noche, en su diario, solo había palabras sinceras, abrió un cajón y lo guardó junto a todos los post-its que ella tenía y los que yo le cambié.

Solo me dijo una cosa, "éstos son mis recuerdos de cómo me enamoré". No hubo más recordatorios, ni más noches de escritura. Y fuimos felices.
Ahora que no está, vengo cada semana y le leo mi diario, y le escribo que la quiero, y lo hago para que no olvide que yo la quise primero.

viernes, 7 de marzo de 2014

Y colores en el cielo descubrir.

Pintaré todas las noches el cielo de color azul,
para que cada mañana sonrías y;
 sean tus ojos felices los que deslumbren al sol.
Y si un día lo que te encuentras son nubes,
no puedes dejar de sonreír,
ya que después llorarán porque no han conseguido entristecerte;
entonces volverán los días azules con más ganas y más fuerza,
 dispuestos a quedarse contigo.
Y tú, conmigo.

martes, 18 de febrero de 2014

Durmiendo sola

Me acostumbré a dormir sola, cuando te ibas por las noches y me dejabas en dos metros cuadrados durante horas. Y me hice dueña de ellos, dejé de esperar que vinieras por la mañana a darme un beso de buenos días y la verdad ya no los echo de menos.

Un día me levanté de esos dos metros y salí, en bragas y camisa a medio abrochar, entonces me di cuenta que no debía esperarte más mañanas, ni pasar más noches allí hasta que volvieras, dejando tu espacio para que estuvieras a mi lado.

Ya no vivo en dos metros, ni duermo en ellos, porque no me hacen falta, porque no tengo que esperar nada, y me sobra espacio, porque duermo sola, como antes, pero porque quiero, y solo viene de vez en cuando alguien a visitarme, pero no se queda, porque no quiero abrazos, ni besos a medianoche y de buena mañana.

No he vuelto a dormir con nadie, porque he aprendido a dormir sola y no sé si quiero que nadie vuelva a compartir la cama conmigo, o mejor dicho, si yo quiero compartir mi cama con alguien.

Creo que quiero, que me gustaba esa sensación de que me dieran besos en la espalda en mitad de la noche, que me sonrieran al despertar, que se perdieran las manos entre las piernas, que se escaparan caricias, suspiros y se dieran vueltas entre sueños. Pero no lo sé.

Pasaste tantos días lejos de la cama en la que yo dormía y pretendías que esperara paciente, que se me ha olvidado como era esa sensación, y no tengo recuerdos, porque me los quitaste. Solo escucho hablar a la gente y pienso que también a mí me gustaba y que ya no quiero dormir sola.

Ya lo sé, no quiero pasar más noches de vacío, ni en dos metros ni en medio, más despertares repentinos, más nervios, más miedos. Quiero volver a compartir mi cama, pero no lo haré más contigo, que me dejaste sola hasta en las noches que nos acostábamos a la vez.

Y el día que vuelva a compartir mi cama, te escribiré para decirte, que nunca estuviste, ni estás, y que ahora soy yo la que ha borrado los recuerdos que tú me quitabas egoístamente para que sin estar conmigo, no saliera de tu cama. Y que ya no te recuerdo porque nunca has existido.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Aquellas pequeñas cosas

Unos buenos días espero que hoy estés mejor, una sonrisa en un momento de agobio, una lágrima de alegría o emoción, un salto al recibir una buena noticia.

Un beso de buenos días, de buenas noches, o uno porque sí, un abrazo de los que se sienten y te apretujan con ganas, un guiño en un momento concreto.

Unas tostadas de aceite y jamón para desayunar, unos espagueti carbonara, un bote de nocilla, fresas con leche condensada, comer sandía como si fueran pipas.

Una mirada que hable sola entre la gente, que te cojan la mano para que no te vayas, un beso de película en mitad de un bar, sentarse en un banco a ver pasar el tiempo.

Cervezas con los amigos, risas, historias, juegos, una piruleta compartida, un te escribo cuando llegue y ver un mensaje, o mensajes inesperados que no dicen nada.

Una llamada de una amiga que hace mucho que no ves, o de un amigo, una boda en la que ves a tus amigos de siempre, ir al hospital para algo bueno.

Despertarte y que no haya flores, ni notas en un papel, que haya alguien, un paseo sin rumbo, tomar el sol, sentarse a ver el mar, el olor a incienso.

Leer sin prisa, ver una película que te encanta, salir a correr, escribir cosas sin sentido, o con mucho, buscarle forma a las nubes.

Un concierto en verano, en la playa, reencontrarte con gente a la que quieres y no sueles ver, hacer las paces con alguien con quien no hablabas.

Recuperar tu amistad con una amiga de toda la vida, o conocer a nuevas amigas que te hacen pasar unos ratos de risas increíbles.

Organizar excursiones, tomarte un café a las siete de la tarde y seguido una cerveza, hablar durante horas de nada, o de todo.

Planear cosas y que no salgan, no hacer planes y que surjan mil, solos, con amigos, con familia. Vivir, cantar porque sí.

Gritar en la calle, ir en bicicleta, olor a azahar, a naranja, noches de jazmines, de luces, de agua. Dormir sin pijama, contigo, sin ti.

Mirar fotos antiguas, recordar, reír, llorar, saltar, pensar, un helado de chocolate, hacer pompas con el chicle, sentir, soñar...

Y esto es lo que yo valoro, lo que me gusta, lo que recuerdo, porque quiero y no porque a Facebook, se le haya antojado poner tres fotos y dos estados para recordarme que llevo "x" años usándolo.

Los momentos y las acciones que recordar las elijo yo porque sí, y desde luego no me duran un minuto.

jueves, 9 de enero de 2014

Juré sufrirte para toda la vida

Te dije que te querría siempre.
Toda la vida; y te mentí.

No fui capaz de hacerlo,
ni siempre, ni nunca.

[No te quise, no fueron verdad,
los abrazos, los besos, las caricias.

Nada sucedió, Nunca fue,
Nunca existió. Nunca pasó.]

Porque mi corazón se quedó
helado, frío, solo.

Tú lo fuiste dejando;
y no sentía, y se apagó.

Mientras tocabas a otras,
perdía el calor, el amor.

Y venías en busca de consuelo,
a que te abriera mis brazos, mi alma.

Lo hacía, no me importaba,
te acogía, te amaba.

Pero se acabó, soy hielo y piedra,
soy poco, pero soy mucho. Todo.

Soy yo; y soy mi dueña.
La única que decide.

Y hoy he decidido, sí;
Y no te aguanto más.

No te querré más, ya no lo hago.
No te sufriré.

Ni a las noches que llegas de madrugada
Ni a las noches que no llegas.

Se acabó.
Te acabaste.

Hoy termina un para siempre.
Hoy comienza un hasta nunca.

martes, 7 de enero de 2014

Quizás

Tengo que reconocer,
que cada vez que recuerdo tus manos recorriéndome,
deseo no recordarlo más. Nunca más.

martes, 17 de diciembre de 2013

Ambigüedades en papel.

Cómo voy a dejarte desnudo,
cómo quieres que me vaya,
cómo piensas que podré dejarte,
esta fría noche de otoño, solo.
Sin palabras que no dicen nada.
Solo, blanco inmaculado.
Solo, sin manos que te acompañen.
Solo, sin letras que te demuestren lo contrario.
Te dejaré esto escrito encima,
para que recuerdes las caricias de mis manos,
el sonido de mi voz, repitiendo.
 
 
Te escribiré para que no olvides,
o para que no olvide yo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Afrontarte.


No puedo pretender pasarme una vida contando días, horas; añorando momentos y vivencias.

No puedo hacer que vuelva todo lo que pasó y me llenó de vida, de felicidad, de ganas.

No puedo sentarme a recordar, a lamentarme, a imaginar qué hubiera sido si...

No puedo anclarme en el pasado, mientras vivo el presente, o no lo vivo.

No puedo hacer tantas cosas, o quizás no debo y no las haré, eso es.

Dejaré de decir no puedo, porque podré hacer cuanto quiera.

Aprenderé a decir no debo, a no imponerme cosas.

Sabré lo que quiero y lo que no es bueno.

Y haré lo que quiera, lo que crea.

Viviré sin ser esclava.

De mí misma.

De ti.

Y podré recordarte si quiero, pero podré no hacerlo también.
 
Porque tú no estás en mi vida, ya fui capaz de cambiarte.
 
O quizás no te he cambiado, porque aún estás ahí.
 
Pero no vas a amenazarme con aparecer más.
 
Y si se te ocurre, será porque te lo pida.
 
Cuando necesite enfrentarme a ti.
 
Para pensar, para asegurarme.
 
Y tú vendrás a ayudarme.
 
Y quizás te perdonaré.
 
Si no lo haces más 
 
Nunca más.
 
Soledad.

martes, 3 de diciembre de 2013

Hubo un momento entre tu última mirada y mi penúltimo pensamiento,
que lo cambió todo;
y de pronto sucedió.
 
Me tenías bajo tus sábanas, sobre tu cama,
te perdías entre mis piernas,
y mis brazos, y mi cuello.
 
Pude sentir como recorriste cada milímetro
con tu respiración, mientras se me erizaba el vello,
a tu paso, despacio.
 
Y no quería, pero me dejé hacer
y lo hicimos y no dijimos nada.
 
Volví a abrir los ojos y no hubo flores,
ni desayunos con diamantes, ni Edwars esperando.
 
Encontré oscuridad, soledad, vacío;
y tuve miedo,
miedo de que no estuvieras y estabas, 
a medio metro de mí, pero me di cuenta
de que no.
 
Me di cuenta de que entre tú y yo,
no podía haber nada más.
 
Me vestí en silencio, saqué un pintalabios
y fui a tu espejo a escribir:
 
NO PUEDO
 
Nunca tuve valor para explicarte por qué lo hice,
pero me fui y te saqué de mi vida, o eso creía.
 
Te sigo echando de menos, y hoy aún,
no te diré por qué, pues ni yo lo sé.
No hice lo que quise, pero hice lo que tuve que hacer.
 
Y desde entonces cada día te pienso, te sueño,
y me muero porque no sé,
no sé como sería ahora, solo sé
que ya no te tengo.

martes, 26 de noviembre de 2013

Y tú...

-¿A qué tienes miedo?
 
+A enamorarme.
 
-No lo entiendo.
 
+Yo tampoco lo entiendo; por eso tengo miedo.

viernes, 22 de noviembre de 2013

A 14 centímetros del suelo.

Me levanté un viernes normal, me puse lo primero que encontré en el armario, llegaba tarde al trabajo. Cogí el abrigo, me bebí un vaso de leche y cogí las putas pastillas, me iba a estallar la cabeza.
Hacía un frío de estos de pleno invierno y para éste aún quedaba algún tiempo, no sé cómo pero estaba sentada en mi silla un minuto antes de que dieran las ocho. El día que llegué antes de toda la semana.

Era viernes, sí, pero no tenía esa sensación, no hacía sol, amenazaban las nubes con dejar caer una lluvia nada agradable, no había prevista una cerveza al mediodía, ni siquiera había un plan de viaje ese fin de semana.

Llegué a casa, almorcé, me tumbé en el brasero, dispuesta a pasar la más deprimida de las tardes comiendo chocolate y viendo películas románticas y llorando a moco tendido porque yo también quería un final feliz y estaba sola, muy sola.
Me quedé dormida pensando en mi plan, pero me despertó una música que venía del piso de arriba, mis vecinas habían comenzado a arreglarse para salir, reggaetón, berridos varios, posiblemente la música que esté ahora de moda, pero a mí me taladraba la cabeza como cualquier ruido en un día de resaca. Decidí poner la radio mientras buscaba la banda sonora de Desayuno con Diamantes o Love Story, de pronto escuché la Flaca de Jarabe de Palo, esa canción era lo contrario que llevaba buscando todo el día, sensualidad, erotismo, alcohol, noche; me dieron ganas de apagar la radio, pero no pude.

Abrí el grifo, me di una ducha, hice una selección de canciones de las que te dan ganas de salir sí o también, subí el volumen con la intención de enmudecer la penosa música de mis vecinas y me puse a buscar la ropa.  Me decidí por unos pantalones de cuero, una camiseta roja con un escote de vértigo y una chaqueta de cuero. Me maquíllé con fuerza. Cogí el bolso, metí las gafas de sol, porque nunca se sabe, Llovía, pero no cogí paraguas.

Antes de salir me puse mis botas negras, altas, de tacón, para hacer sonar cada paso, para hacerme sentir, para subirme al mundo.

Salí decidida a comerme la noche  y sus peligros, a 14 centímetros del suelo.

martes, 29 de octubre de 2013

Idas y venidas.

Por suerte, por desgracia, por ambas. No lo sé.
El hecho, es que me ha tocado estar en muchas estaciones, de tren, de autobús, aeropuertos. Algunas veces sola, otras acompañada. Bastantes veces acompañada de alguien a quien tenía que dejar y otras tantas, era yo la que iba a ver cómo alguien me dejaba a mí.

Sí, estoy hablando de esos momentos que pueden ser tan dispares mientras se hace lo mismo, esperar.
Es tan distinto esperar en una estación o aeropuerto, cuando vas a visitar a alguien de cuando te vas a despedir...
Es también diferente cuando eres tú quien espera la visita y quien permanece cuando alguien se va.

Las llegadas a un sitio deseado siempre están llenas de besos, abrazos, caricias, carreras... es algo inexplicable, tanto para el que llega como para el que espera, sin embargo, siempre están las despedidas, llenas de promesas, de llantos, de 'te voy a echar de menos', 'vuelve pronto', de esa gente que se va dejando atrás un trocito de felicidad.

Como "culillo de mal asiento" que soy, he vivido posiblemente todas las situaciones anteriores; y me da que me va a seguir tocando, por ejemplo este fin de semana, el que viene, etc.
He gritado, reído y llorado en las estaciones y aeropuertos, he pasado muchas horas esperando, he dejado muchas cosas para volver a encontrarme con alguien. Y a pesar de todo el sacrificio, porque cuesta, no solo dinero, sino tiempo y ganas, estoy segura de que volvería a pasar miles de horas más en esos lugares, esperando, desesperando, nerviosa, triste, feliz y con una explosión de sensaciones únicas.

Y sí, las despedidas son tristes, pero solo dicen que queda menos para un nuevo reencuentro. Me quedo con eso, con la felicidad al llegar a un lugar que es el tuyo, o que por algún motivo te hace sentir como tal.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Olvidos pasajeros.

Se me olvidó que no quería,
que hacía mucho que no eras nada,
que sólo fui a visitarte.

Se me olvidó que ya no bebo,
para que la cerveza no me sepa a ti,
para no tener resaca de tus besos.

Se me olvidó que no había nada,
y me dejé hacer,
y me bebí tus besos,
y entonces hubo todo.

Y recordé lo que se siente,
cuando unas manos te tocan,
y ya no respiras sola.

Y recordé que te quería,
las sábanas revueltas del pasado,
las risas dejadas por cualquier rincón.

Ahora sé que me faltabas,
y que no quiero estar lejos,
que se pare el tiempo.

Quédate conmigo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Atlántica de corazón

Siempre dicen que España es un país mediterráneo y no le quito la razón a quien lo dice porque gran parte de nuestras costas son bañadas por el mar con el mismo nombre, pero para mí hay más, está el Atlántico y debo confesarlo, estoy enamorada de él.
Quizás porque fui producto de algunas vacaciones allí y quién sabe, puede que eso te marque, o simplemente porque he vuelto cada año de mi vida y cada vez lo siento más mío. Sí, que yo no vivo en un sitio costero, pero os puedo asegurar que me siento muchas veces más de allí que de aquí.

Yo soy Atlántica, porque ese mar que más que azul es verdoso puede decirme mil cosas con sus mareas, porque cada día viene y va para que lo sintamos más  cerca, para dejarnos ver trocitos de su interior.
Yo soy Atlántica porque pisar esa arena fina, dorada, es como pisar alfombras, y puedes sentarte a contemplar las olas, grandes, muy grandes si el día está revuelto.
Yo soy Atlántica porque convivo con medusas, pero de las grandes, algas, y pinares. Porque no entiendo la playa sin dunas, que guardan tantas noches secretas.
Yo soy Atlántica porque me gusta lo auténtico, porque el Atlántico aún no hemos dejado que se transforme, al menos del todo, en un sitio de fiesta. Porque los chiringuitos los ponemos a cuentagotas y de madera, para no estropear.
Yo soy Atlántica porque me gusta la brisa y hasta el levante insoportable que hace que la arena parezca millones de agujas que se te clavan. Porque me gusta que entre una toalla y otra haya metros de distancia. 
Yo soy Atlántica porque soy pura, porque paseo por las calles y respiro mar, respiro sal, respiro paz. Porque respiro origen, porque me gusta lo tradicional.
Yo soy Atlántica porque puedo pararme a mirar el mar durante horas y siempre cambia, porque puedo ver como los barcos flotan por la mañana y se posan en la arena por la tarde; y parece magia. Y lo puedes ver.
Yo soy Atlántica porque el corazón me lleva allí, porque de allí me siento. Porque el mar es bonito, pero el océano me enseña una inmensidad.
Yo soy Atlántica y no puedo explicar por qué, porque se siente, porque es diferente, porque es especial. Porque es otra esencia y porque no todo el mundo puede comprenderlo.

Y no menosprecio al Mediterráneo que tanto ambiente tiene alrededor, que es tan alegre y calmado. Que está lleno de humedad y de agua caliente. Él también me gusta.

Es sólo que ver al sol esconderse por el Atlántico, ver el agua revuelta, o tranquila como una manta, esos cambios, ese dinamismo y todo lo que puede ofrecerte es algo que es mejor sentir. 
Respirar el Atlántico es sin duda, una de las cosas que más echo de menos en mi día a día.

Ser Atlántico es algo que todo el mundo debería sentir alguna vez.


[Y puedo llorar por no verte
y morir si no te piso.
Pero no puedo dejar de pensarte,
y no quiero dejar de sentirte.










viernes, 27 de septiembre de 2013

Nocturnidad


Era su forma de terminar el día.
Cogía el cuchillo del cajón y vacilaba
mientras, lo pasaba por el cuello de su marido.
Y el dormía.
Lentamente.
Le decía adiós a la luna,
Miraba las estrellas, por si tenían un mensaje.
Se despedía cada noche.
Se asomaba a la ventana para respirarla.
Por si era la última que veía en libertad.